Mi lugar

>> viernes 9 de marzo de 2012



Recuerdo un lugar al que iba cuando era niña. Iba cada tarde al salir del colegio y los fines de semana. Había una casa en un árbol y tardes de acampada en la montaña; había paneles de naves espaciales con cientos de botones y vecinos extraterrestres; había un cometa brillando en el cielo mientras se alejaba en el espacio; había sueños posibles y la inmortalidad para cumplirlos… Ese lugar no estaba en un punto geográfico concreto, era mi lugar conceptual, el mundo que me gustaría que existiera, que me gustaría crear, un rincón dentro de mí que me conectaba con el universo.

Recuerdo esa sensación. Todo era posible todavía, todo estaba por ver. Era una chiquilla llena de temores y reflexiones, pero, sin embargo, uno de los recuerdos más recurrentes es esa burbuja de paz que me mantenía viva por dentro. Y ahora, años después, quiero volver a ese lugar. Tal vez porque nunca dejé de ser esa niña asustada o tal vez porque por dentro me siento como una estrella moribunda en un universo que sigue evolucionando sin mí.


Nebulosa mental

>> domingo 22 de enero de 2012


Me siento extraña. Como si acabara de aterrizar sobre este planeta o como si acabara de tomar conciencia de mí misma; con la inseguridad que produce no reconocerse en los recuerdos.

A veces me siento como si viera el universo sentada en una estrella. Aparto nebulosas con las manos, le grito a los planetas esperando respuesta, me sacudo de la ropa el polvo de los cometas… Me vuelvo a maravillar y emocionar como la niña que fui; o como el recuerdo que tengo de lo que fui.

Otras veces —la mayoría—, me siento como si fuera un ser diminuto en un mundo de gigantes. Como si siempre llegara tarde a todo lo que hago o todo el mundo fuera más rápido, precisamente porque son más grandes y dan pasos más largos o porque conocen atajos.

La cuestión es con qué decido quedarme... El universo seguirá ahí cuando los gigantes se hayan ido.


Zoom

>> lunes 19 de diciembre de 2011


Fue como mirar hacia abajo desde el borde de un rascacielos: la sensación de caída en el estómago. Caer y caer atravesando el vacío, sin nada que modifique la trayectoria, ni siquiera el suelo de hormigón contra el que chocar al final del recorrido. Simplemente el vacío. Ni un antes ni un después, ni pasado ni futuro, ni bueno ni malo, ni viva ni muerta. Mirar hacia abajo y pensar que, en caso de existir, esa podría ser la visión de dios.

Mirar al cielo desde lo alto de un rascacielos, además de redundante, podría ser como entrar en una habitación con el techo tan bajo que impide caminar erguido; pero desde lo alto también se puede mirar hacia arriba, a ese vacío que conecta el infinito y comprender que el mundo no es suficiente frente a un universo, una vida no es suficiente.

Mirar hacia arriba, hacia abajo o al horizonte, más cerca y más lejos, pero más allá; en los cráteres de la Luna, debajo de la cama, en las mareas, en los bolsillos, en las estrellas, en los periódicos... En la visión de conjunto y en el detalle más sutil. Mirar y ver.


Antología

>> sábado 23 de julio de 2011

Tanto que decir y sin saber cómo hacerlo. Se me atragantan las palabras y la vida, que me hace toser y tragar saliva. Ya no me sirven los dogmas de fe para sedar la mente ni la inercia de la sin razón, pese a que me dejo llevar cada día por ella mientras absolutizo el futuro para huir del absurdo existencial. Tengo la impresión de que he llegado a un punto de inflexión que hace que intente no aplazar mi conciencia, pero al mismo tiempo siento que todo lo que hago lo hago para nada, que todo lo que quiero pronto desaparecerá.

Tal vez sea la crisis de los treinta que estoy a punto de cumplir o tal vez sea que, no es que haya olvidado mis sueños, sino que los utilizo para rellenar la realidad vacía. El inconveniente es que tienen la misma consistencia y duración que una pompa de jabón.

Dónde están los veranos con olor a hierba y a ciudad al atardecer, las noches en la ventana colgando y acicalando estrellas, las mañanas deseadas y sin despertador. Pasan las horas sin gloria, rotan las sombras bajo el sol, las estrellas se descuelgan del techo de mi habitación.


Víricamente humanos

>> jueves 2 de junio de 2011

Aquí os dejo un documental que considero de obligada visión: The Cove. Parafraseando a Matrix: el ser humano es un virus. Yo no lo habría dicho mejor, porque desde que el ser humano apareció sobre la faz de la Tierra, lo que ha hecho ha sido conquistar y destruir. ¿Cómo reacciona un organismo ante un virus? Tal vez este planeta debería hacer lo mismo...